A raíz de las tormentas acontecidas en nuestro país, las cuales devastaron puentes, carreteras y otras construcciones, reflexionaba sobre la impostergable voluntad de concientizar sobre la marcada necesidad de que las autoridades competentes lleven a campo un plan sistémico y profundo de supervisión de las obras de infraestructuras que se construyen tanto en el sector privado como en el público.
Si observamos el pasado, podemos verificar que obras construidas durante la dictadura de Trujillo, aún están en pie. Para ilustrar, el puente que comunica al Municipio de San Rafael del Yuma con el Paraje El Cascajal, construido paradójicamente por el Ingeniero Huáscar Tejeda, ajusticiador del Tirano, ha resistido por espacio de más de 60 años la inclemencia de huracanes y tormentas, entre otros fenómenos naturales.
Lo sucedido en nuestro hermano pueblo haitiano, nos lleva a meditar profundamente ante una potencial amenaza sobre nuestro suelo. Sin ánimo de crear pánico, pero adhiriéndonos a una realidad palpable, es tiempo de empezar a prepararnos con una efectiva supervisión de las obras nuevas y antiguas, así como una eficaz educación a toda la población, con miras a precaver antes que lamentar de forma incuantificable.
En ese mismo orden, debe existir una contínua coordinación entre los estamentos militares y las organizaciones de la sociedad civil, para que no se le permita construir a ninguna persona en lugares inapropiados. A los que ya habitan en estos lugares, deben ser reubicados en lugares adecuados y aptos para la convivencia humana. Este servicio debe ser provisto y es responsabilidad del Estado.
Es tiempo ya de empezar a organizar a nuestro pueblo. La voluntad y determinación es fundamental.



